«En cualquier caso, es indudable que el movimiento de los chalecos
amarillos hace parte de un proceso de despertar de nuestra clase a nivel
internacional, tras la derrota de la oleada de luchas de los años 70.
Ante la perspectiva factible de que este movimiento se apague tarde o
temprano, si no se produce una recuperación burguesa a la altura de la
intensidad que ha vivido y luchado, dejará tras de sí nuevos lazos de
solidaridad, quizá algunas estructuras, experiencias de lucha de las que
extraer lecciones, un nuevo número de personas que, tras su
radicalización en el movimiento, se sumarán a la actividad de las
minorías revolucionarias pese a la vuelta a la normalidad. Nuestra clase
aprende. Construye su propia memoria. Se despierta.»
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